Se acusa a la Biblia de misoginia, pero esta es una interpretación equivocada. Ni Dios es sólo masculino, ni fue literalmente Eva quien le da del fruto del engaño a Adán, estamos ante la paradoja de la metáfora, ¿es el significado el significante? La mujer es una analogía universal del amor, lo bello, fecundo, grácil, el bien y, entre muchos otros, también representa a la verdad, y este es el signo clave. El pasaje bíblico del Pecado Original no se refiere a Eva en tanto mujer, sino como la verdad esencial o la consciencia del hombre en el Edén que sucumbe al miedo, puesto que no podría ser el hombre quien represente los valores más excelsos, sería contraintuitivo.
Esto lo cambia todo; no es de causalidad, sino de identidad de lo que hablamos. El mito no está diciendo que una mujer causó la caída. Fue la consciencia del hombre la que cedió ante el engaño del miedo y las ansias de control. Es la descripción de un proceso histórico y, a su vez, un acontecimiento mental y de pérdida de Fe, del sisma entre el ser humano y su entorno. La realidad se vuelve «espinos y cardos» cuando la percibimos como una amenaza. De ahí la necesidad de moldearla y de justificar este nuevo estado de conciencia subjetivista.
El mismo Immanuel Kant, en su Crítica de la Razón Pura, ilustra este escenario. El filósofo sustentó su epistemología en la idea de Concepto, definido como el acto mental que captura la multiplicidad con la que se presenta la realidad por medio de analogías (proporción, correspondencia o semejanza); un movimiento de síntesis hacia la imagen o la unidad. Esta idea evoca claramente la creación bíblica del hombre, en la que Dios (Logos bíblico) lo crea a su imagen y semejanza (analogía), de lo ilimitado a la unidad. Sin embargo, las categorías trascendentales de Kant, que estructuran el entendimiento, son la argumentación de una realidad sesgada por la consciencia del ego; aquí la causalidad y demás categorías, son sólo mapas del sisma entre el hombre y la realidad.
Kant intuye a medias que la naturaleza de la mente es la del lenguaje, pero no advierte que en la esencia misma de su tesis dedicada a la razón están las bases de la metafísica pura, a saber, la que Jesús condensa en la figura de la Trinidad, en la cual, la verdad última es el Logos bíblico, es decir, Dios como realidad es lenguaje. El Padre es el significado que no tiene límites (la mente), el Hijo es el significante o la representación del mundo tangible (el cuerpo), y el Espíritu Santo o la prosodia del lenguaje es la Fe (lo afectivo). La trinidad nos deja ver la naturaleza del ser no separado, el Logos es cohesión universal. El único interlocutor de este lenguaje es el propio lenguaje; la intuición es esta gramática primaria que nos subyace sin causalidad ni jerarquías.
Los arrianos del concilio de Nicea temían que este concepto o identidad de la Trinidad significara un ejemplo de sublevación contra lo que creían el poder de Dios y del imperio, pero nada más lejos de la verdad; Jesús es el signo de la realidad, independiente de las estructuras contingentes de dominio, no promueve la sublevación ni la sumisión, ni en este ni en otro plano. La realidad en sí es inaccesible bajo estructuras o categorías mentales, y en esto sí concluyó bien Kant. Son dos mundos apartados y no se alcanzan mutuamente, no se interfieren ni se determinan.
El significado no está regido por la causalidad, es un saber inmediato que precede a la razón; es todo mente, todo cuerpo y todo Fe. Es la intuición que en el pecado original deja de ser el nodo central de la vida. Las ideas por sí mismas no funcionan como modelos por analogía, como se podría llegar a pensar. La realidad (tangible) no es toda la realidad, conlleva significado ilimitado y aliento propio, y son inseparables. Se viven como un sólo suceso o se renuncia a esta experiencia simultánea por convencionalismos no por persuasión.
La naturaleza es religiosa (religare), permanentemente atada a Dios, a la verdad, y es ineludible. Hoy por hoy está en la voz interior que se anticipa a la conciencia sesgada. Es la Analogía Vital silenciosa que pervive en la Fe, en el arte, en la experiencia espontanea, y en los niños que ríen y juegan. El hombre aún ama. La verdad esencial es soberana en el sentido más amplio, no necesita cálculos ni categorías para dominar. El significado es el reino completo y fuera de él no hay nada.

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